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… Luego de que ella dijera esas palabras horrorosas y se estacionara frente al semáforo, yo también decidí parar. Nunca creí en la señales, pero de alguna manera, todo indicaba que yo debía bajarme del auto, cortar esa relación, llorar, parar, ponerme dentro de un paréntesis. Como no podía mirarla, levanté la vista y la deje quieta en el cartel que decía “STOP”. Cuando logré deletrear y pensar en lo que estaba leyendo, me dije: “PARAR”. El auto arrancó a toda velocidad y fue ahí cuando, por primera vez en mi vida, logré decir lo que sentía.
- Dejame aquí por favor, le dije con el corazón acelerado
- ¿Aquí? ¿Ahora estas ofendido?
- No, contesté ya con los ojos húmedos
- ¿Entonces?
- Me bajo aquí, me voy. No me servís más.
- ¿No te sirvo más? ¿Y que soy yo? ¿Un entretenimiento?
- No, no sos nada, por eso no me servís… Hace tiempo que dejaste de serme útil
- jajaja, está bien, bajate fracasado…
- Quizás, pero útil para alguien. Vos estás muerta en vida. Demasiado fría como para alguien te quiera…
Su cara estaba desarmada, no podía creer lo que estaba escuchando. El portazo la devolvió a la realidad… y yo quedé bajo el cartel rojo que me decía que frenara. Y esta vez le hice caso. A veces pienso que es como todos dicen: una señal te puede salvar la vida, y vaya si lo hizo con la mía. Me apartó de la que iba a ser mi mujer, alguien demasiado perfecta.
STOP. FRENAR. ESTACIONAR. PARÉNTESIS. DETENERSE. PENSAR. REFLEXIONAR. OBSERVAR, son las palabras, que desde ese día, me arman la rutina de mi futura vida.
* Foto: Daniel Goldberg
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En casa, además de mis libros, están los que leen los duendes. Ellos me llevaron a una “Casa de letras”, y entre charlas de arte y café, me susurran lo que podría leer en los días que se vienen.
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Inspiración 21.08.
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Creo que la escritura se construye en base a trabajo diario, pero no se puede negar que los momentos de “inspiración” también existen. Comparto con ustedes esta maravillosa creación que habla un poco sobre este tema.
* El video es creación de Carlos Lascano
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Aporía 20.08.
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Luego de la finalización del proceso de escritura de mi segunda novela, allá por finales de 2008, no tenía nuevas ideas en mente para una nueva historia. Con el paso del tiempo todas las cosas confluyeron hacia una historia ideal para ser contada mediante imágenes, música y actuación: el cine. Hubo previas conversaciones respecto al tema antes de decidir, junto al Director Rodolfo Carnevale, sobre qué cosa podíamos escribir. Él me comentó que tenía ganas de filmar un drama, una historia que surgiera desde las entrañas, donde los personajes tuvieran que trabajar hondas emociones y dar cuenta de sus complejas decisiones. De todo eso, surgió la idea de “Aporía” (del griego, situación sin salida). En ella contamos la historia de Amapola, una mujer de 60 años, inválida y extremadamente sola, que se pasó más de 20 años alimentando el amor hacia un hombre ausente. El nombre del personaje está tomado de la canción “Amapola”, y fiel a la letra de la misma, hemos tomado los aspectos mas notorios para su composición: la soledad y belleza. Los ambientes elegidos nos remontan a los años 1930-1950, por ser una época fina en cultura, vestuarios más femeninos que en la modernidad, donde la mujer portaba una delicadeza suprema y el hombre era fuertemente definido. A su vez, el elegir situar el relato en esas décadas, nos permitió jugar con elementos hoy casi perdidos: el uso de la correspondencia mediante misivas. Asimismo se trabajó sobre varios elementos que le aportaron dramatismo al guión: los silencios que juegan constantemente con aquello que no se dice, el paso del tiempo -siempre lento- que va bordeando a la protagonista hasta hacerla víctima para poder pasearla por los senderos de la nostalgia y el olvido. Para diferenciar las épocas -desde el guión- no sólo se utilizaron distintos vestuarios, sino también un importante contraste entre los mundos íntimos de los personajes: el hombre que ella ama representa la luminosidad en sus días, la fortaleza y la concreción de los sentimientos. El mundo de Amapola está sumergido en la fineza absoluta que pueden verse en sus ademanes, en sus pinturas, sus vestidos y sus palabras, todo el tiempo poéticas y metafóricas que tejen y destejen las rutinas que conforman su vida. Además de esos dos importantes personajes, hemos creado un tercero, Ofelia, que es la dama de compañía de Amapola; y en ella representamos la servicialidad, el cuidado, la delicadeza y dedicación, sin perder nunca la feminidad que caracterizaba a las mujeres de esa época.
Como autor he pretendido que “Aporía” sea un suspenso continuo, donde el espectador pueda ser seducido por la quebradiza voz de Amapola, y sin embargo, ser también sacudido por la desgracia que presenta el personaje principal. Todo el tiempo he pretendido mover a los personajes en base a dos polos: los deseos de vida y muerte, el amor, pero no el odio, sino la bronca, la impotencia. Dos polos que en algún momento del relato pudieran contradecirse, sobretodo en el personaje masculino, donde claramente puede verse la paradoja entre sus sentimientos y acciones.
Creo que ”Aporía” es una historia que se encuentra estructurada en base a las emociones, la belleza u opacidad que pueda presentar una vida. Aporía es un abanico de situaciones, donde algunas pueden -o no- tener salida. Aporía es un drama, pero principalmente es una historia de cómo los seres humanos pueden adaptarse, transformarse o extinguirse de acuerdo a los sentimientos que componen sus vidas.
| Trailer del film:
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Cinco estaciones de tren 19.08.
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Son cinco estaciones de tren. Durante cinco paradas siento que conozco a las personas que están sentadas enfrente. Sube una señora con bastón, entonces me levanto y le doy mi asiento, pero ni siquiera me mira. Me ubico en un rincón, cercano a la puerta, donde quizás entra un poquito más de aire. Pienso en una novela de Murakami. Pienso en todas aquellas cosas que me quedan por hacer. Pienso, pienso, pienso demasiado. Me duele la espalda. Me quedan dos estaciones, y de repente, algo me sucede. Algo inesperado, crudo, demasiado duro para esa hora de la tarde. Una niña de unos dieciséis años, vestida decentemente, se detiene a mi lado y su bebé me mira a los ojos. Se sientan y él llora, ella comienza a ponerse histérica. Él la llama, le dice mamá. Se tira al suelo del tren. Todos miran, aunque no quieran hacerlo. Yo observo, no puedo dejar de hacerlo. Sé que me quedan dos estaciones, pero ahora no quiero bajarme, quiero saber qué pasa. ¿Por qué llora? ¿Por qué no alza a su bebé? ¿Por qué ella es tan niña? La puerta se abre, me empujan, me obligan a bajar. Comienzo a caminar y el tren se aleja. Escucho la voz del bebé que se pierde en un túnel oscuro. Camino, pero ya no pienso. No puedo pensar en nada. La angustia me ha visitado.
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Negro spirituals 17.08.
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Gracias a Dios, siempre a través del canto o la escritura, puedo encontrar alguna cosa que me identifica y permite que pueda decir algo a través de eso. Las palabras ligadas a una melodía sentida, han sido en diversas ocasiones muy sanadoras para mi espíritu. Estoy ensayando algo del repertorio “negro spirituals”, como un modo de seguir explorando mi canto. Quiero compartir una breve información sobre estas canciones, que sin duda alguna, reflejan de manera clara mi momento personal.
Un espiritual (traducción de la expresión inglesa spiritual song) es un tipo de canto religioso que surge a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en los Estados Unidos. Los espirituales negros son adaptaciones populares de los himnos religiosos protestantes, hechas por afroamericanos. La historia de los negro spirituals está íntimamente vinculada a la historia de los afro americanos. Los primeros en arribar a América provinieron mayoritariamente como esclavos de diversas regiones de la costa Oeste de África. Su forma de vida fue contada por ellos mismos a través de cantos y narraciones. Trabajaban en plantaciones y en la construcción. Sus amos les tenían prohibido bailar y tocar los tambores como solían hacerlo en su país natal, pero algunos les permitían cantar canciones más suaves y tranquilas siempre y cuando no estuviesen dirigidas contra ellos. Los cantos eran la vía que encontraban para compartir sus alegrías, sus penas y esperanzas, y en otras ocasiones, para transmitirse mensajes secretos. Los esclavos tenían permitido asistir a los servicios de la iglesia y solían quedarse después del servicio religioso para bailar o cantar.
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Me gusta 16.08.
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Me gusta levantarme y ver el sol. Me gusta ser amigo de mis amigos. Me gusta escuchar y a veces hablar. Me gusta escribir cosas lindas, cosas morbosas. Me gusta cantar. Me gustar tomar fotos. Me gusta salir en las fotos. Me gusta el té, el helado, la pasta. Me gusta habar con mis amigos. Me gusta estar con mis perros Harry y Wolfie. Me gusta el olor de los libros. Me gusta tocar los libros. Me gusta el agua y el otoño. Me gusta el silencio. Me gustan los dulces. Me gusta la música. Me gusta leer hasta quedarme dormido. Me gusta caminar. Me gusta observar a las personas. Me gusta investigar. Me gusta diseñar. Me gusta estudiar. No me gustan los gritos. No me gusta el olvido. No me gusta que me obliguen. No me gusta desvelarme. No me gusta el cigarrillo. No me gustan las guerras. No me gusta el bullicio. No me gusta ser perseguido. No me gusta la gente amontonada. No me gusta perder el tiempo. Me gusta el tiempo. Me gusta leer cosas sin sentido, inexplicables. Me gusta descubrir autores. Me gusta ver películas dramáticas. Me gusta llorar. Me gusta reír. No me gustan las preguntas indiscretas. No me gustan las características de las post modernidad. No me gustan las cosas unisex. No me gusta la moda, aunque a veces este influido por ella. No me gustan los juegos torpes. Me gusta la tranquilidad. Me gusta conversar. Me gusta enseñar algunas cosas. No me gusta que me pregunten sobre lo que escribo. Me gustan las tormentas. No me gusta el invierno. Me gustan los animales, me disgustan algunos humanos. Me gusta ayudar. No me gusta la mentira. No me gusta la falsedad. Me gusta el amor. Me gusta la palabra amor. Me gusta la pureza. No me gusta la envidia ni el odio. No me gustan las miradas prejuiciosas. Me gustan los niños. No me gustan algunos adultos. Me gusta la vida. Me gusta vivir.
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Arte, artesano, artista… 16.08.
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“Él es artista”, acostumbro a oír a menudo de boca de la gente cuando se refieren a una persona que se dedica a bailar, cantar, escribir, actuar y etcétera. Sin embargo, y a pesar de estar muy de moda la palabra, todavía existen aquellos a quienes esa palabra les provoca cierto recelo, desacuerdo o envidia. Buscando y buscando alguna respuesta para aquellas situaciones en las que me veo en el aprieto de contestar algunas cosas, encontré este párrafo que me hace sentir muy identificado respecto a este tema. Lo comparto con ustedes:
“Me asusta la palabra «creación». En el sentido social, normal, de la palabra, la creación, es muy gentil, pero en el fondo no creo en la función creadora del artista. Este es un hombre como cualquier otro, eso es todo. Su ocupación consiste en hacer ciertas cosas, pero también el businessman hace ciertas cosas, ¿se entiende? Por el contrario, la palabra “arte” me interesa mucho. Si viene del sánscrito, tal como he oído decir, significa “hacer”. Pero he aquí que todo el mundo hace cosas y los que hacen cosas sobre una tela, con un marco, se llaman artistas. Anteriormente se les aplicaba un nombre que me gusta más: artesanos. Todos somos artesanos, con una vida civil, militar o artística. Cuando Rubens, o cualquier otro, necesitaban el color azul, tenían que pedir tantos gramos a su corporación y allí se discutía la cuestión para saber si se le podían dar 50, 60 o más.”
“Eran verdaderamente unos artesanos, y eso se ve claramente en los contratos. La palabra “artista” fue inventada cuando el pintor se convirtió en un personaje de la sociedad monárquica, en primer lugar, y posteriormente de la sociedad actual, en la que es un señor. Este pintor ya no hace cosas por encargo, y el que quiera algo de él deberá elegir cosas de entre la producción del pintor. En contrapartida, el artista está mucho menos sujeto a concesiones que antes, durante la monarquía.” (Pierre Cabanne- Conversaciones con Marcel Duchamp)


